


- Longitudinales: se extienden a lo largo del eje vertical del útero. Son los encargados de contraerse para «vaciar» el útero, es decir, su contracción, provoca la descamación del endometrio y el consecuente sangrado. Durante el parto, provocan las contracciones uterinas que facilitan la salida del feto y de la placenta. Estos haces están inervados al sistema nervioso parasimpático o vagal (SNP), que es el que se activa en estado de relajación.
- Circulares: estos haces son escasos en la parte superior y se hacen mas seguidos a medida que se acercan a la parte inferior, formando al final, los compactos haces circulares que dan lugar al cérvix. Estos haces se encargan de «retener», sostener o cerrar el acceso al útero. Son muy importantes durante la gestación, ya que sin ellos, no podría soportarse el peso del bebe adentro del útero. También durante el ciclo, ya que, permiten la entrada de espermatozoides durante la ovulación y ayudan a evitar algunos tipos de infecciones. Estos, están inervados al sistema nervioso simpático (SNS), que es el que opera en estados de estrés, alerta o miedo.
- Intermedias: forman la capa media de miometrio. Son haces muy apretados en forma de ochos y de espirales, que ayudan a aumentar el flujo sanguíneo. Aquí, encontramos también los receptores de oxitocina, la hormona del amor, que entre otras funciones, es la responsable de la dilación del cuello del útero, tanto en el orgasmo, como durante la menstruación y el parto.

Todos los haces musculares del miometrio, deben funcionar de manera sincronizada. Los intermedios, reciben la oxitocina que «ordena» a los circulares que se abran y se dilaten; mientras el flujo sanguíneo, aumenta la actividad de los longitudinales para que se contraigan y «vacíen» el contenido del útero. Funcionando de esta forma, unos contrayéndose y otro distendiéndose y viceversa, nuestra musculatura uterina funciona a la par, sin producir dolor. Podemos observar un ejemplo de este funcionamiento, por ejemplo, en nuestra vejiga, que tiene una anatomía muscular muy similar a la del útero. En este caso, los haces longitudinales se distienden mientras los circulares se contraen para retener la orina. Cuando orinamos, los circulares es distienden, permitiendo el movimiento de contracción-distensión de los longitudinales, que provoca la expulsión de la orina. Este mismo movimiento sincrónico funciona en el caso del útero.
Cuando alguno de estos haces no funciona sincronicamente acompasado al resto, aparecen entonces las contracciones espasmódicas, que son el origen de desequilibrios como los calambres menstruales o pre-menstruales; y también de estados de «no dilatación», detención o dolor durante el parto. Surge así, el concepto del útero espástico, del cual os invito a saber mas con la lectura del título «Pariremos con placer» o cualquier otro de la bibliografía de Casilda Rodrigañez.
En el siguiente link, puedes acceder a su web, donde puedes leer y descargar todos sus títulos: pincha AQUI
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